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Luces de Citroën en T. Eiffel ayudan a famoso piloto

Aunque en la actualidad imaginarse a la Torre Eiffel encendida es lo más normal del mundo, esto no siempre fue así. En 1925 que André Citroën decidió sorprender a París y el mundo entero iluminando por primera vez este hito arquitectónico de la ciudad. Pero para eso, tuvo que esperar dos años. Esta curiosa historia va más o menos así. 

Un encuentro casual

Era 1914, plena Primera Guerra Mundial. El Ministerio de Guerra pide ayuda a los industriales para el desarrollo de tareas específicas y los reúne para sacar ideas. Dentro de esas reuniones estaban André Citroën y Fernando Jacopozzi, un decorador italiano especializado en iluminación eléctrica. Este se dedicaba a alumbrar los principales puntos turísticos de París, una de las razones por la que la capital fue conocida como la “ciudad de las luces”. 

La misión de Jacopozzi era alejar a los Zepelines bombarderos alemanes de París, punto fácilmente reconocible desde el cielo. Para esto, el italiano tuvo que reconstruir una réplica de la ciudad en el vecino bosque de Fontainebleau para engañar a las naves alemanas.

Fue en este contexto que André y Fernando se conocieron y prometieron reencontrarse después de la guerra para hacer alguna acción conjunta.  

Un nuevo mundo

Estamos en el año 1922 y mucha agua había pasado bajo el puente. La Gran Guerra había quedado atrás, los dirigibles alemanes ahora llevaban pasajeros, y André en vez de hacer granadas, fabricaban automóviles. El célebre 10HP y el nuevo 5HP estaban motorizando Francia y Europa. 

Jacopozzi por su parte, había vuelto a su trabajo con los monumentos, pero con un gran objetivo en su mente. Iluminar a uno de los mayores símbolos de la capital francesa, nada más y nada menos que la Torre Eiffel. 

En 1923 el italiano vuelve a contactarse con André Citroën para plantearle su proyecto. Iluminar con solo 200,000 ampolletas, 100 kilómetros de cable y una pequeña central eléctrica, que se accionaría con agua del Sena, para escribir el nombre de Citroën en los cuatro lados de la Torre Eiffel. 

Qué le dijeron a André Citroën. Este cartel publicitario estaría en la torre de sus sueños, la misma que vio construirse desde la ventana de su casa. 

Manos a la obra en la Torre Eiffel

A pesar del alto costo del proyecto, André se las arregló porque vio los beneficios a largo plazo de la idea. Así fue que se pusieron inmediatamente manos a la obra

Un pequeño ejército compuesto por trabajadores de circo (trapecistas y malabaristas), ex militares de la Marina francesa, escaladores y acróbatas de todo tipo, inició el montaje de la estructura con las ampolletas en los cuatro lados de la Torre. Al mismo tiempo, otro equipo construía una central eléctrica de 1.200 kW capaz de alimentar la instalación completa. 

Hágase la luz

Finalmente el encendido tuvo lugar el 4 de julio de 1925. Según las versiones de sus hijos, hay dos lugares donde pudo haber estado André Citroën para el suceso. Una era que estaba en un Bateau-Mouche (los barquitos que dan vuelta en el Sena) o en la Explanada de Trocadero. De todas formas, sea como sea seguramente tenía una copa del mejor champán. 

Citroën Torre Eiffel

Hazaña aeronáutica

Tanta fue la notoriedad de la campaña que las luces permanecieron encendidas hasta 1934. No solo eso, también guió al piloto de aviones Charles Lindbergh en la parte final de su vuelo en solitario y sin escalas entre Nueva York y París. 

Esto ocurrió el 21 de mayo de 1927. Poco después de las 10 de la noche, el “Spirit of Saint Louis” como se llamaba el monoplano pilotado por Lindbergh, aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget. 

Esto después de sobrevolar el Atlántico en solitario 33 horas y media. Esta hazaña le permitió al aviador de 25 años entrar a la historia mundial.

Fue en una visita a la fábrica de Citroën del muelle de Javel que Lindbergh contó que fue la iluminación de la Torre Eiffel la que lo guió hacia París como si fuera un faro. 

Citroën Torre Eiffel

Con los años la configuración de las luces de la Torre fue cambiando y se utilizó para diversos fines. A veces se le añadía una sigla de un modelo determinado. En otras se informaba de las condiciones meteorológicas, gracias a un termómetro instalado a 30 metros de altura. También dio la hora, a través de un enorme reloj instalado en 1933, con un diámetro de 20 metros y agujas que se iluminaban después de la puesta del sol. De paso, fue el reloj más grande del mundo de aquella época. 

Citroën Torre Eiffel

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