Una mala experiencia en un taller, hace desconfiar de todo el rubro

Hoy quiero contarles la historia que vivimos junto a Carolina, quien como much@s, pasó de un mecánico a otro para resolver el problema con su auto, y sólo pagó por malas experiencias sin soluciones. 

El día 19 de abril me contactó Carolina. Tras intentar resolver -sin éxito- una falla de su auto, le hablaron de mí y del taller.

La sentí muy molesta por lo que sólo me limité a escuchar. Me contó que hace 5 meses llevó su auto al mecánico porque simplemente no quiso partir más. Le dijeron que podían ser diversas cosas, así que intentaron cambiando las bobinas, cables de bujías, las mismas bujías… pero el auto siguió sin responder.

Finalmente, y según el “profesional” que la atendió, había que reconfigurar el “Transponder”; así que Carolina, esperanzada en que al fin volvería a tener de vuelta a su vehículo, dio su autorización para esta tarea.

Por si te preguntas de qué se trata eso del Transponder, bueno, de acuerdo a su definición, es parte del sistema inmovilizador de un auto, que reconoce el código de la llave con chip y lo compara con la información que tiene la computadora de fábrica del auto.

Siguiendo con la historia, pasó una semana y el auto volvió a presentar la misma falla; pero quien debía hacerse responsable, simplemente no quiso hacerlo y como una forma de excusarse señaló que el vehículo presentaba un problema diferente, por lo que no había motivo para que operara algún tipo de garantía por la “reparación” realizada.

Así que Carolina tuvo que llevarse el auto del taller y buscar otra solución. Llamó a un mecánico a domicilio, porque el auto ya llevaba un tiempo sin andar. Y, considerando el historial de reparación realizada anteriormente, pensó que la respuesta estaba nuevamente en el transponder, por lo que señaló que había que bloquearlo; así que se lo llevó para revisarlo, y entre que se dio cuenta que no presentaba falla, y volver a instalarlo al auto, pasaron meses. El auto seguía sin partir.

Todo este proceso ocurrió hasta que pudimos hablar y coordinar el retiro de su vehículo mediante una grúa. Cuando llegó lo revisamos de acuerdo a nuestro procesos, y lo que obtuvimos fue lo siguiente:

  1. Llegó sin batería, por lo que se cargó y luego de un par de horas pudimos hacer contacto.
  2. Al conectar el scanner, este indicó: “no hay conexión con la ECU” (computadora del auto).
  3. Se revisa la caja de fusibles exterior e interior, y notamos que estaba destapada, con clara intervención e intención de desconexión (había un fusible sobrepuesto, que finalmente se soltó).
  4. Revisamos y armamos todo como corresponde… y el auto partió sin ningún problema.
  5. No almacenaba códigos de falla de transponder.
  6. Realizamos revisión general

Sólo un día de evaluación fue suficiente para detectar el problema, que simplemente se trataba de un cambio de fusible; además de un par de detalles menores de mantención. Pero en resumen era un problema menor, con un costo menor, que demoró meses y mucho más dinero. 

Entregamos el auto hace tres días, con un clienta feliz y satisfecha con el trabajo realizado. Estos nos comentó Carolina:

“¡En definitiva, la mejor experiencia que he tenido en un taller! ¡Gente comprometida y dedicada! ¡Feliz con la atención y la preocupación!”

 

Felices por haber solucionado el problema a Carolina, pero lo que molesta es que la “pega” mal hecha de algunos repercute en quienes si lo hacemos bien; ya que se genera una desconfianza hacia todos los buenos profesionales que hay en este rubro. 

Comments

comments